Pepito paga doble

   “Pepito paga doble” es el nombre de un popular tipo de estafa, que consiste en lo siguiente:
– Sobre un papel, una alfombrita o lo que cumpla la misma función, se colocan tres tapas o fuentes o latas (deben ser menores al tamaño de una mano y ser capaces de esconder algo debajo, una piedra o algo parecido) y se esconde bajo una de ellas una piedra o ficha o tapa de refresco. El juego consiste en adivinar, luego de unos pases de manos, donde está la ficha-tapa.
– En este juego siempre se apuesta dinero.
– La tapa nunca está donde el jugador cree, ya que esta desaparece en las manos del “croupier” callejero mediante un juego de manos, similar al truco de un mago. El apostador siempre pierde.
– El “croupier” nunca está solo, siempre la mitad del público del juego son cómplices, falsos apostadores destinados a animar a los incautos.

   Quienes apuestan, lo hacen por la tentación de ganar un poco de plata extra sin esfuerzo, sólo mediante una pequeña inversión. En esto, esta estafa se emparenta con el conocido “cuento del tío”, que en realidad es “el prisionero español”: se te presenta la oportunidad de ganar mucho, pero hay que poner algo.
   Sirva esto de introducción:
   Los estafadores de pepito paga doble se instalaron hace un año fuera del local donde trabajo. Aparecen ocasionalmente, una o dos veces por semana. Son de San Bernardo, por lo que sé: en esa ciudad los he visto subirse al bus en el que viajo, y nos bajamos juntos. Son casi diez, por lo general se instalan en dos grupos organizados en “crupier”, falsos jugadores y vigilantes. Estos cargos no son fijos, se turnan para desempeñarlos. Son invariablemente desagradables: ocupan el ancho completo de la calzada, hablan a gritos (incluso cuando viajan en el bus), y los estafados son en su totalidad campesinos ingenuos.
   Por esto, desde hace un tiempo estoy llamando a la policía cuando aparecen. Al principio mandaban policias de uniforme, lo que significaba que estos delincuentes podían verlos desde lejos. Los espantaban, si (al menos un rato), pero era imposible que los detuvieran. Eso hasta la semana pasada: se instalan fuera de mi local, yo llamo a la policía de modo tal que no se note desde afuera, y al rato hay un tumulto en la calle. Yo miro hacia afuera y entran a mi local dos hombres, uno sujetando al otro por el cuello. Yo me pongo de pie y ellos se detienen a dos metros de mi (protegido por el meson): uno de ellos es el líder del grupo de estafadores y el otro es un hombre joven y atlético, de barba. Es un policía de civil haciendo un arresto. Yo en ese momento pensé “éste retrasado me viene a preguntar si el tipo es el mismo por el que yo había llamado, me cagó”, pero no me dijeron nada. Ambos forcejean: el delincuente sujeto por su cuello, el policía tratando de sujetarlo. El delincuente mide unos cinco centímetros más que el policía y pesa unos diez kilos más. El delincuente se safa, el policía lo sujeta de nuevo, el delincuente lanza al policía contra la muralla (donde está instalado un probador de ropa), el policía no lo suelta. Ambos caen al piso, le veo la pistola al policía. Entra una mujer joven, morena, delgada y crespa, y comienza a increpar al policía: “oiga, no lo ahorque, ¿no ve que no es primera vez?, oiga, suéltelo, como se le ocurre traerlo aquí, no ve que deja mal al dueño del local, oiga, no le pegue”. El policía trata de sujetarle el brazo al delincuente, para poder esposarlo, y la mujer le sujeta el brazo: el policía la empuja hacia atras, y ella responde “¿no ve que estoy embarazada?”. Desde afuera alguien grita: ¡Te estoy sacando fotos, huevón!, cosa que no era cierta. El policía logra esposar al delincuente y la morena se va. Entonces entra un policía de uniforme, un motorista, y el policía de civil le dice “la crespa tiene la cuestión” y el motorista sale rápido. Afuera se ve a un par de policías de uniforme y la multitud se dispersa. Entonces me acuerdo, me siento y le pongo llave a la caja de caudales.
Ayer pasó lo mismo, aunque con menos espectacularidad. Se instalan estos estafadores (curiosamente el tipo que ví no lo había visto antes), yo salgo y camino hacia las demás tiendas que administro, me meto en una y llamo a la policía, escondido del exterior. Cuando termino de hacer mi ronda por las tiendas ya la calle esta despejada. Termino mi turno y compro un pasaje de bus para volver: en la garita de buses estan reunidos varios choferes, auxiliares y el cajero hablando sobre el arresto de la mañana. Segun el cajero, un tipo de barba, acompañado de su mujer, deja su apuesta sobre la alfombrita y recoje todo el dinero, para luego esposar al “crupier”. El grupo entonces se extendió en comentar sobre los policías en general, sobre su calidad moral, la frecuencia con que viajan en bus y sobre las pistolas que llevan.

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Published in: on marzo 22, 2009 at 3:47 pm  Dejar un comentario  

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