Tengo miedo

El día sábado robaron en una tienda cercana a la que trabajo. El ladrón es el mismo malandra que conocemos todos allí: es un muchacho de unos veinte años, moreno y flaco, con muchas cicatrices de cortes en el costado derecho de su cuello (la primera vez que ví sus cicatrices me dio un escalofrío ¿cómo se hizo esas heridas, cuanto le dolieron?). Yo trabajo en una mini cadena de cinco tiendas, entonces cuando este tipo se acerca a alguna de ellas, las vendedoras me llaman y mi presencia, la presencia de un hombre, basta por lo general para alejar el peligro. Esta rutina se repitió toda la semana pasada: estoy en el local principal, me llaman, parto corriendo y me doy un par de vueltas, el ladrón me ve y se va. Creo que es necesario aclarar que trabajo de administrador, no de guardia ni de nada que me faculte a andar armado o con un palo o algo así. El día sábado me llaman de nuevo, parto corriendo y ya había pasado todo: el tipo y un amigo se metieron en una tienda de ropa interior, donde estaba la dueña y dos vendedoras, y robaron a mano armada. Antes habían robado una billetera de una anciana y unos zapatos nuevos, en otro local cercano.

Anteayer lunes me llamaron de nuevo y me dijeron que habían dos ladrones en uno de mis locales: llego corriendo, una vez allí disimulo mi agitación y veo a un hombre parado afuera de mi local. El tipo, otro, no el de los cortes, tenía aspecto de delincuente: mezcla de pobreza, agresividad y descaro. Él era el "lucau", el vigilante. Entro a mi local y la vendedora me hace una seña: tiene al ladrón en un vestidor, aparentemente probándose ropa (que es lo que vendemos). Yo me recuesto en el mesón y me pongo a conversar con la vendedora acerca de los locales, de las vendedoras nuevas, de cualquier cosa que delate mi presencia. El vestidor se abre y sale una mujer joven y gorda, del tipo de gordura que revela una pereza y descuido enorme, el fantasma de una juventud delgada. La mujer se va rápido junto al tipo afuera. Yo tranquilizo a la vendedora y salgo a seguirlos de lejos y los veo entrar a un local de unos amigos de la familia, entonces paso de largo (aquí el tipo me mira largamente y con una expresión homicida) y voy a buscar a un guardia: lo encuentro, le doy las señas personales de los ladrones y su ubicación y miro de lejos. Los guardias se paran junto al "lucau" y éste y la mujer se van rápido.

Ayer no pasó nada, lo que agradezco enormemente.

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Published in: on noviembre 19, 2008 at 11:51 am  Dejar un comentario  

Sobre Ética

   Yo soy ateo. Así de simple, rotundamente: soy ateo, lo he sido siempre y pretendo seguir siéndolo. Nunca creí en el dios católico, e incluso recuerdo exactamente el momento en que me desengañé con respecto al viejo pascuero (Santiclos pa los amigos):

   Tenía, supongo, tres o cuatro años y estaba en el jardín infantil y había organizada una fiesta navideña para nosotros. Estábamos radiantes, esperando pero incapaces de esperar, y de pronto uno de mis compañeros grita "¡Ahí arriba, ahí está!" y todos miramos arriba. Hubo compañeros que aseguraron haber visto el trineo volador, tirado por renos, otros incluso lo escucharon. Yo recuerdo que miré y ví un cable eléctrico que colgaba sobre nuestro patio, algunas estrellas y nada más. Me esforcé en distinguir algo, el regalador célebre oculto entre sombras en la lejanía, pero allí no había nada. Después la parvularia (la "tía") que nos cuidaba apareció vestida de rojo y con una barba blanca plástica (ella era relativamente mayor y físicamente igual al hombre de la noche, redonda), entonces cumplimos con el rito y nos sentamos en sus rodillas y le pedimos cosas y rendimos cuentas por nuestros actos. Algunos días después fue la noche de navidad y mi familia me convenció de salir con cualquier pretexto: salimos, volvimos y encontramos la puerta abierta de nuestro departamento de pobre (húmedo y oscuro, flanqueado por villas miseria). Me dijeron que era asombroso, que se nos coló por delante de nuestras narices, que era algo increíble. Yo recordé a la tía disfrazada, al cielo negro y vacío y dejé de creer.

   Lo del dios vino después. En la escuela, como parte del proceso de adoctrinamiento masivo y maquiavélico al que somos sometidos todos los chilenos, me hicieron rezar, sentir lástima por la figura de yeso de jesus bañado en sangre, confesarme. Lo de la confesión me confundió siempre: ¿De qué quería que le hablara este hombre? ¿Porqué tenía que decirle algo? ¿Y si lo que le cuento no me hace sentir mal?. Lo del rezo es lo que es: un mantra sin sentido destinado a hipnotizar al incauto. Lo de la lástima ya fué otra cosa: a jesus lo torturaron, tal y como torturaban y mataban a un montón de gente en esos años (yo tuve la suerte de leer todo lo que había a mi alcance, entre ellos, varios libros clandestinos). En cierta manera, jesus y el comunismo se convirtieron en sinónimos para mí. Años después quisieron obligarme a hacer la primera comunión, y lo encontré progresivamente intolerable, la postura de mis compañeros de curso con respecto a ese rito era la de unos alucinados, borregos mariguanos, todos se tragaban la medicina completa y sin chistar. ¿Qué tenía esto en común con el jesus rebelde, torturado por los poderosos? Aquí había una institución, mi escuela (de la que me echaron pronto), forzándome a sentirme mal y culpable y a humillarme frente a un pelafustán vestido como Maria Marta Serra Lima (que, para quienes no la conozcan, era una cantante romántica muy conocida en los ochentas, muy gorda y vestida con batas brillantes y barrocas). Yo ya leía cuentos y novelas en ese entonces, y era el único en mi curso que se pasaba el tiempo en la biblioteca voluntariamente ¿Qué tenía que ver con esta mina de oro privada que había encontrado con aquel rito perverso y sin sentido que querían imponerme? Me negué, no lo hice, y me quedé afuera de todo. Años después una amiga me prestó libros de filosofía y vine a confirmar todo lo que intuía.

   Muchas veces, tantas que sólo recordarlo me da resaca, discutí sobre religión. Sobre lo absurdo del génesis, sobre la crueldad bélica del antiguo testamento, sobre la vida de jesús, etc. Eventualmente dejé de hacerlo: ahora vivo más feliz. Entonces descubrí dos cosas:

1.- Todo el mundo, en este país, es creyente. O son fanáticos, o se saltan algunos rituales, o creen "en una fuerza misteriosa que gobierna y crea al universo", etc. Todos.

2.- La gente acepta la diferencia mientras ésta no se note. ¿Eres gay? está todo bien, pero oculta tu amaneramiento, vive sin pareja conocida y nunca hables del tema. ¿Eres extranjero? imita mi acento y usa mis modismos y estaremos impecables. ¿Eres ateo? Reza conmigo en la iglesia y no hay problema. El progresismo de la gente común es sólo apariencia.

Hace poco me dí cuenta que estadísticamente cuento como católico, por haber sido bautizado. La iglesia chilena usa el argumento estadístico como medida de presión para muchas cosas, todas ellas destinadas a mantener a la población en la oscuridad de las cavernas: "Bueno, éste es un país católico, en un 99%, por lo que pretender que los jóvenes aprendan a usar un condón es una falta de respeto a todos ¿Porqué pretende obligar a un país completo a hacer lo que usted quiere, ah?". Para empeorar las cosas, aquí las mejores escuelas son católicas, así que si quiero educar a mi hijo tengo que adoctrinarlo, llenarlo de confusión y culpa. Ahora estoy empezando el proceso de mi apostasía, sólo pa joder.

Muchas veces me argumentaron la razón moral para defender el catolicismo: si es católico, es una buena persona porque aprende los diez mandamientos, sufre por jesus crucificado, le teme al juicio final, etc. El insulto escondido aquí es que si la persona es un ateo como yo, entonces es un asesino y violador de todo lo que camine por la tierra, porque no tiene LA moral. Yo no soy un asesino y violador de todo lo que se mueva, si fuese así estaría muy ocupado para escribir esto porque hay muchas cosas moviéndose en el mundo, y muy poco tiempo; y aunque lo fuera, hay muchisimos criminales católicos, muchos de ellos sacerdotes, como para invalidar este argumento sólo mediante el equilibrio. Ahora, creo que aquí es importante acotar dos cosas:

1.- Por un lado, Platón, si no me equivoco, dijo que para dominar a un pueblo durante mucho tiempo había que reemplazar el código moral autóctono con el del ocupante. Es cosa de ir de vacaciones a un país comunista de los de antes (quedan pocos así que conviene apurarse) y ver que allí ser revolucionario es ser bueno y ser bueno es ser revolucionario, por lo tanto la operación de transplante moral ya se hizo. Si no viaja puede ver lo indivisible que es en mi país la moral y el catolicismo, al punto que no se distingue la costura; pero no siempre fue así, más que mal, fuimos colonias.

2.- Por otro lado, hace mucho tiempo me comentaron la diferencia entre el Derecho real y el Derecho natural. Esto es la idea de que las leyes surgen de un concepto del bien que es externo, surgen como transcripción de la moral. Para los católicos la moral surge de lo que le dijo el arbusto en llamas a Moisés, los diez mandamientos (curiosamente la Biblia trae muchas más leyes que los diez mandamientos, trae dos códigos penales distintos y bastante absurdos), por lo tanto, el bien y el mal surgen de dios, que nos lo señala para luego darnos la posibilidad de elegir entre el buen camino y el mal camino. Si dios nos dice lo que está bien y está mal, nuestra libertad se reduce a elegir los caminos mencionados anteriormente, pero no a cuestionar estas definiciones.

   Ahora, si yo tengo razón y dios no existe, no hay nadie afuera de nosotros los humanos que nos dicte lo correcto o incorrecto, por lo tanto sí se puede elegir entre varias definiciones de bien y mal, ya que estos conceptos pasan a ser relativos. Recuerdo haber leído hace tiempo que si dios no existe, no hay ética, sólo estética. Una elección cosmética: qué tan bien me veo creyendo en esto. Ahora bien, en la época, y región, de barbarie en que se inventó el dios católico, es muy posible que este invento del bien via cable celestial haya sido una buena medida de unificación de criterios. Hoy por hoy, todos estamos de acuerdo que matar es malo, pero ¿Y entonces? ¿Qué hubiera pasado si a la mitad del mundo se le hubiera ocurrido que está muy bien matar, y la otra mitad pensara que está bien dejarse matar? ¿O que todos hubieran pensado como los Bogomilos y se hubieran suicidado en masa? Se acaba la civilización, se acaba la raza humana, todo. Pero ahora estamos más adelante en el camino del progreso humano, ya hay un acuerdo básico sobre algunas cosas, a pesar que este acuerdo no garantize nada.  Hoy yo entiendo que mi concepto del bien y el mal responden más que nada a un asunto de coherencia (más que de fidelidad a un ser imaginario), tal y como uno sabe que no se debe andar descalzo todo el día si tiene que caminar, o que no está bien usar la ropa interior por encima de los pantalones (hubo alguien bien famoso que lo hizo, y miren como terminó). Tan liviana tanto una como otra elección.

   Quizá la moraleja de este asunto de la moral atea es que no hay nada más allá de la percepción, al menos, no se puede llegar más allá. Hace poco leí que vivimos con medio segundo de retraso con respecto a la realidad, porque ese es el tiempo que se demoran en mandar la información nuestros sentidos a nuestro cerebro. No podemos reducir esta brecha, es una limitación "de fábrica". ¿Y que tal con respecto a lo que no pueden captar nuestros sentidos? ¿Existe? Más allá de nuestra percepción está nuestro razonamiento, si no puedo ver a un átomo, puedo entender como es. Creo que lo mismo corre para la ética.

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Published in: on noviembre 4, 2008 at 11:52 am  Dejar un comentario