Escena perdida 2

Escena de Mario en Casa del viejo de Julio, interior noche

Un ruido leve. OSCAR despierta y se levanta de su cama en silencio, abre su velador y saca una pistola, se pone una bata y sale de la habitación, moviéndose con extremo cuidado. Se vuelve a escuchar un ruido, pero esta vez más fuerte y parece ser el tipo de ruido que haría un montón de cubiertos al caer, así que OSCAR se dirige a la cocina. Cuando abre la puerta de ésta, ve a MARIO de pie junto a un cajón y una pila de cubiertos desparramados en el suelo. MARIO sostiene un cuchillo “carnicero” y al ver a OSCAR, se abalanza sobre él. OSCAR le dispara rápido al pecho de MARIO, al lado derecho, y éste sale disparado hacia atrás, soltando el cuchillo y cayendo al piso. OSCAR se acerca al herido y patea lejos el cuchillo ahora inútil, se para frente a MARIO y le apunta a la cara.

OSCAR:
La ley me autoriza a matarte, así que te conviene colaborar.

MARIO, en el piso, no dice nada y su cara se deforma de dolor. OSCAR se acuclilla frente a él, apuntándole.

OSCAR:
Dime, ¿quién te mandó acá?

MARIO (jadeando):
Mm, grrrhh, nadie, vine a matar ratas.

OSCAR (que recoge el cuchillo con su mano izquierda y lo entierra despacio en el estómago de MARIO, mientras que con la derecha sostiene el arma):
De nuevo, ¿quién te mandó acá?

MARIO (retorciéndose):
Nnn, ahhg, ¡aghh! ¡no, NO! ¡NADIE!!

La esposa de OSCAR se asoma a la cocina.

ESPOSA (tímida):
Mi amor, ¿estás bien? ¿pasa algo?

OSCAR (pone el cuchillo en el cuello de MARIO y mira a su esposa):
¡Vuelve al dormitorio!

ESPOSA:
Pero, es que escuché un disparo, Oscar, ¿estas bien?

OSCAR:
¡VUELVE AL DORMITORIO TE DICEN!! ¡OBEDECE MIERDA!!!

ESPOSA (con un hilo de voz):
Sí, mi amor.

La esposa se va de la cocina y OSCAR vuelve a mirar a MARIO.

OSCAR:
No te creo, ¿me escuchai, roto de mierda?, y más te vale convencerme.

MARIO:
Violaste a 18 mujeres, entre ellas a mi vieja, y mataste a 42 personas, entre ellos a mi viejo; y yo vine a matarte.

OSCAR (mirándolo con atención):
A los últimos ocho los rematé con esta pistola. Pero eso es poco pa lo que se merece un comunista. Ya vas a ver.

OSCAR se para y, sin quitarle la vista de encima, toma el teléfono ubicado en la pared, junto al refrigerador, y llama.

OSCAR:
Pablo, habla Oscar… si, soldado, buenas noches… necesito que vengas para acá, trae dos pelaos más y un vehículo… ¡Qué me importa lo que hayan estado haciendo, vengan para acá inmediatamente!… Escucha: gente de confianza, nada más, no rotos-delincuentes de esos que viven por allá… Sí, cinco minutos, no hay más tiempo, proceda.

OSCAR cuelga y mira sonriente a MARIO, quien jadea sonoramente, como asmático.

OSCAR
Ahora te van a sacar el comunismo a golpes, hijo de puta.

ESCENA (CONTINUACIÓN DE ANTERIOR)

MARIO sigue tirado en la misma posición que en la escena anterior, respirando con dificultad, sólo que ahora se ve más pálido y bajo él hay una gran mancha roja. OSCAR sigue frente a MARIO, encañonándolo, pero ahora tiene en su mano izquierda un vaso de whisky.

Se abre la puerta y entran PAULOCO y PIRAÑA, este último sostiene una gran bolsa negra, como las que se usan para la basura, y un rollo de cinta adhesiva.

PAULOCO (en tono profesional):
Listo, mi Coronel, la Tía está durmiendo y la camioneta en la puerta.

PIRAÑA (parece borracho):
Y yo traje el envase, Don Oscar, Señor, Mi Coronel.

OSCAR:
Bien, soldados, procedan.

PAULOCO se agacha y sostiene a MARIO, mientras PIRAÑA le pone la bolsa negra sobre la cabeza, cubriéndole hasta el tórax, y lo envuelve con cinta adhesiva. Entonces PIRAÑA carga a MARIO sobre su hombro y lo saca de la cocina, seguido por PAULOCO, pero éste vuelve y se acerca al Coronel.

PAULOCO:
Mi Coronel, ¿sabe?, yo conozco a la rata…

OSCAR:
Habla claro, ¿qué me quieres decir?

PAULOCO:
Es del grupo de amigos de su hijo, ¿sabe?

OSCAR se queda pensativo un momento.

OSCAR:
Entonces voy con ustedes, voy a supervisar la operación.

PAULOCO y OSCAR salen de la cocina.

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Published in: on octubre 30, 2007 at 4:21 am  Dejar un comentario  

Exclamagación

Hoy fuí a grabar. Instalamos todo, pusimos las luces, prendimos las cámaras y lo demás es historia, la misma historia de siempre. Lo pasé bastante bien, la verdad, a pesar de la sensación de futilidad extrema que el ejercicio del audiovisual me transmite. ¿Porqué? porque lo que uno grabe o deje de grabar no le importa a nadie: ¿Qué problema soluciona un video? ¿Salva a los niños de la muerte, cura el cáncer, paga las deudas, embellece el cuerpo y el alma, incrementa la inteligencia, destruye la mentira y la mezquindad allá donde el video se proyecte? No, esa es la respuesta que encuentro en esta fuga de la realidad, donde quienes tienen hambre de ego se esconden. Quizá la respuesta sea una obra audiovisual que no sea fútil ni deshonesta, pero creo que tal propósito es bastante ilusorio: me recuerda una explicación que leí hace muchos años sobre los límites del universo y la imposibilidad de cruzarlos. Al atravesar, hipotéticamente claro, dichos límites, los átomos de nuestro cuerpo perderían partículas al mismo ritmo que lo hacen normalmente (ya que, hablando en estricta física, el mundo es permanente descomposición), por lo que "contaminarían" dicho espacio impoluto al convertirlo en una sopa de electrones y materia oscura, creando nuevo espacio tal como lo conocemos.

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Published in: on octubre 26, 2007 at 2:04 am  Dejar un comentario  

Intertexto

Estoy viendo "Por un mejor mañana 2", del ’87, con Chow Yun Fat y no puedo evitar acordarme de Tarantino y sus homenajes a esta película: los trajes negros y la escena que Patricia Arquette mira en la Tv durante "True Romance". Pero le dí al FF en mi control remoto y puse la escena final: según wikipedia la cuenta de muertos aquí asciende a 98, lo que es una muy graciosa trivia, aunque eso no es lo principal. Esta escena está inspirada en "Wild Bunch": los cuatro amigos se dirigen contra una multitud de enemigos, armados hasta los dientes, a vengar a su colega asesinado. Las referencias se cruzan y se cruzan y se cruzan hasta el infinito.

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Published in: on octubre 13, 2007 at 4:14 am  Dejar un comentario