28 días después

        Acabo de ver “28 días después”, la de zombies de Danny Boyle. Lo primero que me llama la atención es que es digital, muy digital y de no muy buena resolución. De hecho, hay un plano de ubicación en la primera mitad de la película que da la clave sobre la estética visual propuesta: es un plano sobre un sembradío y la carretera, un plano de perspectiva fuerte, y el sembradío esta pintado a la manera impresionista, con manchas de colores fuertes. Antes de ver ese plano, me explicaba al vídeo como una economía inteligente, como un retroceso táctico con respecto a la calidad de imagen en pos de contar la historia; pero ahora creo que el impresionismo es la solución: tratar de captar, no la realidad, sino la percepción de la misma. Claudicar ante un problema insoluble (captar la realidad) y privilegiar la subjetividad como visión válida. Me parece que es un modo de acercamiento mucho mas interesante y acertado que el que postulaba el Dogma, porque, después de todo, ¿de qué se trataba realmente Festen y Los Idiotas? ¿De crudeza? ¿De buenas historias (las historias del Dogma eran bastante mediocres)? ¿De captar la realidad? No es válido reeditar el neorrealismo y salir a captar la realidad, pues al capturarla se transforma en otra cosa, y eso lo sabe cualquiera que tenga al menos un año de estudios. Considero al Dogma como inmadurez, y se da la casualidad de que me gusta la pintura impresionista, la música impresionista y me gustó esta película. A pesar de que tomaron una pésima decisión con respecto al desarrollo de la historia: todos debieron morir diez minutos antes del final.

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Published in: on agosto 24, 2007 at 12:32 am  Dejar un comentario  

Póliza: Acto de Dios

    Mi cuello chasquea, pero lo hace de un modo particular: chasquea icónicamente. Me explico: la mayoría de los cuellos “reales” (en oposición a los audiovisuales) al chasquear producen el mismo ruido que ocasionan los nudillos durante el proceso análogo; mi cuello manifiesta su vocación por la grandilocuencia al multiplicar por diez tal sonido: produce una escala clara y definida, con diferencias de tono y volumen que percibo con la claridad con que destaca una mal cantante. Me explico nuevamente: la característica principal del ruido hecho por los cuellos audiovisuales, aparte de su exuberancia, es que suenan en escala ascendente, como si fuesen producidos por un xilófono opaco y sordo; por el contrario, mi cuello produce una escala atonal y de compás libre. Todo esto es irrelevante, excepto como metáfora sobre la imposibilidad de mantener control y, mucho menos, de producir belleza.
Estoy sentado en un patio de comidas, estrategia comercial mixta que satisface una necesidad real (alimentación), pero debe su éxito a un factor sicológico (protección), por lo que califica como “necesidad artificial de consumo”, según Marx (según las únicas veinte páginas que he leído de Marx). Otra irrelevante constatación de hechos. Lo que me llama la atención de este lugar es que muestra claramente que la gente necesita espectadores. En general, toda la gente. Podría esbozar una clasificación según el tipo de espectador que buscan.

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Published in: on agosto 19, 2007 at 5:04 am  Dejar un comentario  

MIERCOLES 18 OCTUBRE 2000

MIERCOLES 18 OCTUBRE 2000
Alrededor de las 7:00 AM. Abro los ojos. Amanece. Cierro los ojos.
9:30 AM. Abro los ojos de nuevo. Estoy acostado en un colchón en el suelo, completamente vestido. Miro en torno: dos botellas vacías, bicicletas, materiales de pintor. Un amigo duerme en la cama de su hermano (la habitación es de su hermano); a los pies de este hay un cartel con un gatito entre pinceles con la cara pintada y una leyenda: “i´am not messy, i´am creative”. Muy bonito. Cierro los ojos y paso revista mental a mi cuerpo: me duele el cuello y la espalda, pero lo principal es una especie de abulia anémica tremenda, producto de anoche.
Abro los ojos y miro el cartel nuevamente ¿qué me sugiere? Ternura lúdica y algo así como “animo muchacho, el mal no existe”, pero la mirada del gatito es turbia. Me fijo mejor y lo descubro: es el reflejo de los focos del estudio de fotografía en sus pupilas. De lo elevado a lo prosaico otra vez.
Me levanto y me dirijo al teléfono en la otra habitación (mi estomago agoniza y muere estrepitosamente). Reviso la cocina, pero solo hay botellas vacías. En la habitación duerme el hermano pintor, hecho un ovillo. Llamo a mi casa para avisar que no me quede a dormir anoche. Sin comida ni consuelo, lo mejor es dormir. De vuelta al colchón.
9:50 AM. Suena el timbre. La injusticia de ver interrumpida mi cura de sueño autorrecetada; trato de ignorar la molestia. El hermano pintor abre la puerta: es la casera trayendo ropa limpia. Saludo a ambos, ambos me responden. El hermano pintor recibe la ropa, la casera se va.
10:00 AM. No puedo seguir durmiendo, así que mejor me voy (una casa llena de durmientes se parece mucho a un mausoleo). Me pongo mis zapatos, recojo mis cassettes de música y ¡Oh, milagro! Encuentro una bolsa con galletas. Me como algunas y guardo otras en mi bolsillo. ¿Se me olvida algo? Si, una película; debe estar en el VHS, en la otra habitación.
El hermano pintor despierta con el ruido que hace el VHS al expulsar el cassette.
– Ve al lado (la cocina), coje lo que querai- Nada, pienso.
– Encontré unas galletas-
Nos despedimos y emprendo el largo camino a casa
10:30 AM, aprox. Por fin llego a casa. En el camino me tome un café, pude contar siete jovencitas espectaculares y llegue a varias conclusiones:
Primero: En un país tan caluroso se debería romper la convención de la jornada diurna y trabajar (o, en mi caso, estudiar) de 12 PM a 6 AM, por ejemplo. El reloj biológico se acostumbraría después de un tiempo, los burócratas serían un poco menos hostiles al dejar de sudar y la tasa de criminalidad iría en caída libre (el delincuente prefiere robar mientras los demás duermen, pues hasta los insomnes bajan la guardia. En mi ideal no habría sombras para encubrirlos).
Segundo: El físico de la gente que vi en mi camino cumple una regla invariable: todos tienden a la obesidad (excepto, claro esta, los pobres). Vi a un niño de unos dos años, mas o menos, redondo como una bolita. Vi mujeres simplemente enormes. Vi a un montón de gente con sobrepeso (en todos sus grados); además varias veces he escuchado “gordura” y “salud” como sinónimos.
Creo que el periodo especial dejo un trauma tremendo en el inconsciente colectivo de este país.
Cuando pensaba en veredas mecánicas de dos sentidos y baja velocidad, se me acabó el camino.
Ya en casa, me lavo (solo lo imprescindible), como algo y busco a los dueños de casa. Están arriba, viendo en televisión “La Marcha Del Pueblo Etc.” Y bromean tratando de contar a los participantes. Me río y me siento a ver TV.
11:00 AM, aprox. Suficiente socialización para mi, así que me voy a escribir este reporte. Comienzo. Despierto en casa ajena, miro y resulta ser la casa de un amigo, bien. Se me muere el estomago, registrado. Miro el cartel y siento unos golpes en la puerta de la habitación. Abro y resulta ser mi hermana pidiéndome el televisor y el VHS, pues su hija, mi sobrina (de tiernos tres añitos) quiere ver a Barney (un programa infantil en vídeo que gira en torno a un dinosaurio violeta, bondadoso e imbécil). Pausa.
Desconecto los aparatos, los llevo a la sala, los conecto y vuelvo a mi cuarto. Trato de no distraerme y escribir.
11:30 AM, aprox. Golpes en la puerta, voy a ver y me cuentan que viene alguien a fumigar la casa contra el Dengue. ¡Mierda! En voz baja (hay una ley no escrita sobre las malas palabras frente a niños), tomo mi libreta de notas y mi lápiz, me los guardo en el bolsillo, ayudo a ponerle la correa a los perros (son dos y ¡viven puertas adentro!), ayudo a sacar a los perros a la calle, alguien me pasa al gato y me lo llevo en brazos a la calle, sin pensar en nada. El gato ve a los perros y se vuelve una maquina de arañar; como el lector puede suponer, me arañó y mordió principalmente (y para colmo de males) mi mano escribana.
Me lavo, me desinfecto y me pongo una vendita. Salgo a la calle y me siento en el contén, mirando como humean las casas de los vecinos (mientras éstos esperan sentados en el ídem.). Saco la libreta (con temor puesto que el día anterior me contaron que existe el Alzheimer juvenil) y trato de describir como llegue a casa, mientras mi sobrina se sube a mi espalda, los perros liban con abundante baba mis pies y los dueños de casa se ríen de mi mala suerte.
No me parece gracioso.
12:00 PM. Se acaba la espera, ya podemos volver a casa. De regreso a mi cuarto, prosigo.
13:30 PM, aprox. Se abre la puerta y entra mi hermana.
Ya. Vamos a comer.
Ya voy.
No quiero perder el hilo. Tomo el lápiz, pero me pica la nuca. Miro. Ella sigue de pie, a mi lado.
Yo voy ahora.
Si.
Voy a ir.
Ya.
En un minuto.
Por fin se va. Tomo el lápiz y sigo escribiendo. El pudor existe, ¿cierto?.
13:50 PM. Después de comer (y de evadir indirectas sobre el alcohol), me siento en mi silla y sigo escribiendo.
15:15 PM. Suena el teléfono. Ya que nadie contesta, levanto el auricular.
Oigo.
Hola cabro- Es un amigo- ¿En qué andai?.
Nada. Aquí, haciendo un reporte pa’ la profe.
Ya.
“Un día en la vida de…”
¿Un día tuyo?. Que lata.
Si mi idea es terminar cuando describa lo que estoy haciendo en ese mismo instante. Ya reduje la distancia a dos horas. Describo lo que paso hace dos horas.
Ya. Oye, te llamaba por si queriai venir pa’aca y nos vemos una película o algo.
Ah, ya pos’, demás. Cuando termine voy p’alla. Te llamo.
Ya, pos, llama.
Entonces, nos vemos…
Nos vemos…
Chao.
Chao.
Cuelgo. Sigo escribiendo. Afuera el sol pega como Kindelan. No sé que voy a hacer cuando termine.
16:00 PM. Se acabó el trecho, estoy escribiendo sobre lo que estoy escribiendo ahora mismo, a las cuatro y un minutos de la tarde.
Por lo tanto, terminé.

FIN

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Published in: on agosto 15, 2007 at 3:37 pm  Comments (5)  

Procastinación

      Me cambié de casa y dejé por fin el aire matizado de regueton que me oprimía como un traje de plástico en verano. Cambió mi perspectiva de las cosas, forzadamente, con buenos resultados: ahora tengo mi sistema mucho más limpio y me siento mucho más productivo. Esto me causa gracia: por un lado me confirma mi falta absoluta de sistema de trabajo que garantice resultados (lo que me vuelve muy dependiente de la influencia de factores externos, ritualista), y por otro me presenta la distancia entre el saber y el actuar en otra representación práctica, la tragedia sorda que ahoga a todo el mundo.

    Por otro lado, tengo el placer de una perspectiva privilegiada sobre el lado pobre de la ciudad, que de noche (con sus autopistas, las moles de departamentos entre innumerables casas de tres pisos y sus fábricas funcionando las 24 horas) se parece bastante a la toma panorámica que abre Blade Runner. Un deleite para la mirada.

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Published in: on agosto 3, 2007 at 2:29 am  Dejar un comentario