Hacerse un propósito

Llevo mucho tiempo deseando escribir una gran historia, algo que me represente y que exprese todas las verdades vitales que me he encontrado en el camino. Me gustaría hablar, por ejemplo, sobre mi percepción acerca del carácter de las personas, sobre la pequeñez moral y la sensación de naufragio permanente en que creo que viven todos (dicho con distintos eufemismos). Me gustaría hacer una historia sobre  la fascinación que producen algunas mujeres, quienes no saben que representan la redención para quienes las observan con devoción. Quisiera una historia donde el protagonista busque (mediante sus estrategias mezquinas y miserables) dicha redención a través de su verbo hecho carne y me gustaría que finalmente dicho protagonista compruebe que tal solución simplona no resuelve nada, tal como sucede con todas las soluciones simplonas. Me gustaría una historia que denuncie todas las soluciones simplonas de la existencia, no tan solo las románticas, y que cree el desconcierto. Una historia sin los artificios de lo dramático (incluyendo el tono solemne en que ha caído este post). Lo curioso es que es en mi modesta experiencia, dichos planes llenos de esperanza y buenas intenciones grandilocuentes no sirven, excepto para entorpecer los raros momentos en que tenemos plena conciencia del aquí y ahora; las buenas ideas sólo surgen y ya, y no pasarían de ser momentos de agradable comunicación entre nosotros y nuestras mentes, si no fuera por la voluntad de llevar dichas ideas a buen puerto.

Ergo, ¿que es lo fundamental de una buena idea? concretarla.

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Published in: on mayo 29, 2007 at 11:39 am  Dejar un comentario  

Flores Púrpuras

Vivo en un apartamento grande, sin muebles prácticamente. Techo alto, paredes con estuco marrón claro en mal estado, piso de parqué viejo. Creo que puedo contar mis muebles con los dedos de una mano. Sé que no vivo solo, pero no veo a nadie.
Estoy acostado, sin dormir ni hacer nada. Repentinamente algo se sale de lugar: siento un ruido similar al de un ratón escarbando, pero con el doble de tamaño. Eso y la sensación de que el aire del entorno cobra vida, presionando cada poro de mi piel con la férrea y malsana decisión de violarlos. La electricidad que eriza mis cabellos se vuelve dolorosa, pero no puedo dejar de mirar.
Al bajarme de la cama descubro dos cosas: que no tengo pantuflas y que el suelo esta cubierto de un polvo grueso, similar a la arena.
Miro bajo la cama y atisbo un estante bajo (de alambre blanco) lleno de trapos grises y grasientos. Me llama la atención una toalla vieja, que alguna vez fue blanca. Debo tocarla pero mi brazo es peso muerto. Mi nuca se enfría, late y suda por el esfuerzo, mientras mi mano avanza centímetro a centímetro (¡tan lejos de casa!). Toco la tela, rezumando suciedad, y la descorro lentamente: abajo y detrás hay un gran gato blanco que me mira con desgano, solo un momento. Estoy hipnotizado, lívido de espanto. Por algún milagro de la física el animal se encuentra sobre mi muñeca, hundiendo sus garras en mi carne y sacudiéndose tan ferozmente que mis huesos se liberan de sus vestimentas y estallan como flores púrpuras.

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Published in: on mayo 21, 2007 at 3:12 am  Dejar un comentario  

Estiembre

Todo el mundo está solo y se angustia por estar solo pero se tiende barreras y aduanas que hay que pasar para poder dejar de estar solo y se trata de barreras de ego y pasaportes para demostrarse que se está bien, que no se ha caído al fondo de la escala y que podríamos contar esto como anécdota frente a los amigotes y los amigos, sumamente edificante por cierto; se trata de compañía y tenemos preámbulos y trámites y maneras de convencernos y convencer al resto de que está bien, que estamos bien y que son sólo etapas, episodios “biodegradables”, hundido en la mugre hasta el cuello y pensando. Ella (s, no todas) es Itaca, sus caderas son Itaca y la forma cómo se asoma el hueso de sus caderas y el espacio entre sus clavículas y el músculo que une la espalda con el cuello, no sé como se llama; hacerse trampa y pensar en no pensar demasiado cosa de que el minuto millonario dure por siempre a pesar de que uno sabe que se acaba en quince minutos, o que en quince minutos nos quedamos dormidos y los quince minutos son la despedida en la mañana y darse un beso en la boca sin saber si está bien o es demasiado considerando las circunstancias, su olor encima todavía. No hay Itaca, no existe y esa es la trampa real que uno trata de hacer para pensar que sí existe y olvidarse de que no, tranquilo y descansa que se acabó muchacho, se acabó mi niña, ya no más y tu sabes cuanto hacía falta parar de una vez por todas. Sudor salado y músculos en movimiento y la sensación igual al interior de una boca, como cuando uno se mete el dedo índice en la boca, calor y humedad y es lo más cercano a Itaca, y eso que en realidad no es nada. Sudor y sudor y toda la energía mental en un propósito y pérdida de proteínas como corolario del circo que hay que armar y nada. Carne y nervios y la necesidad de una respuesta, como argumentarle a un bistec, ve qué sacas en limpio de todo esto, puro olor a estiembre (caminar por el bosque y ser un mono o una vaca o algo y ver a un cachorro de la especie tirado en el suelo temblando y sudado y decir “pobrecito, comió hierba loca; tiene estiembres”).

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Published in: on mayo 20, 2007 at 11:18 pm  Dejar un comentario