Ok, lo retomo

Si existe algún lector de este blog, cosa que dudo, supongo que este lector se sentirá contento de encontrar nuevo material de lectura después de tanto tiempo. He vuelto (fanfarrias). Han pasado muchas cosas desde mi último artículo sentimental y vago: violencia en las calles, la muerte de Pinochet, tremendas alegrías personales que no voy a ventilar aquí, etc. Lo principal es esto: ahora, mientras me emborracho lentamente y huelo a orina de recién nacido, he logrado sentir sin angustia el peso del tiempo, en otras palabras, tengo conciencia plena sobre el crecimiento de mis canas y mi grasa abdominal, a la vez que veo como se acumula el polvo en la sala de mi casa. Me siento bien con esto, aunque a veces me da nostalgia (que interpreto como culpa por acciones no realizadas: compartir con amigos, crear más, hacerle el amor a aquellas mujeres que me deslumbraron en el pasado, etc), pero lo asumo, asumo mi camino hasta hoy. Asumo el haber sido cobarde, y seguir siéndolo; asumo el haber perdido el tiempo y llegar hasta hoy sin una gran obra, ni siquiera una opera prima que me defienda; asumo mi ignorancia escondida tras una falsa ilustración al estilo Reader Digest; asumo mi trayecto en los basureros y asumo todo lo demás, etc, etc, urbi et orbi. Desde ahora prometo solemnemente ser más entretenido para el lector y hablar desde fuera de mi ombligo onanista y reprimido.
Vuelvo a ver “Carlito’s way”, la escena donde Sean Penn trata de convencer a Pacino sobre el rescate del presidiario: Penn crespo, medio calvo y tan jalado que habla con dificultad. Ví esta película por primera vez cuando tenía 15 años, por recomendación del profesor de religión de mi escuela (que, al rendirse en su propósito de ilustrar sobre teología, hablaba de Cine a los pocos que quisiéramos escuchar) y en ése entonces me sorprendió lo verosímil de la escena, la exquisita artesanía del hombre a cargo. En ese momento decidí que quería ser así de grande, un titiritero fenomenal y conmovedor. Pasaron más de diez años y aún no me acerco ni a 20 metros de ese lugar, pero lo acepto y ya: quizá nunca llegue. Por ahora sólo siento compromiso (literario, se entiende) por las historias que me conmovieron. Es poco, pero es mi tesoro personal.

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Published in: on marzo 16, 2007 at 11:02 am  Dejar un comentario  

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