Escena de Mario en Casa del viejo de Julio, interior noche
Un ruido leve. OSCAR despierta y se levanta de su cama en silencio, abre su velador y saca una pistola, se pone una bata y sale de la habitación, moviéndose con extremo cuidado. Se vuelve a escuchar un ruido, pero esta vez más fuerte y parece ser el tipo de ruido que haría un montón de cubiertos al caer, así que OSCAR se dirige a la cocina. Cuando abre la puerta de ésta, ve a MARIO de pie junto a un cajón y una pila de cubiertos desparramados en el suelo. MARIO sostiene un cuchillo “carnicero” y al ver a OSCAR, se abalanza sobre él. OSCAR le dispara rápido al pecho de MARIO, al lado derecho, y éste sale disparado hacia atrás, soltando el cuchillo y cayendo al piso. OSCAR se acerca al herido y patea lejos el cuchillo ahora inútil, se para frente a MARIO y le apunta a la cara.
OSCAR:
La ley me autoriza a matarte, así que te conviene colaborar.
MARIO, en el piso, no dice nada y su cara se deforma de dolor. OSCAR se acuclilla frente a él, apuntándole.
OSCAR:
Dime, ¿quién te mandó acá?
MARIO (jadeando):
Mm, grrrhh, nadie, vine a matar ratas.
OSCAR (que recoge el cuchillo con su mano izquierda y lo entierra despacio en el estómago de MARIO, mientras que con la derecha sostiene el arma):
De nuevo, ¿quién te mandó acá?
MARIO (retorciéndose):
Nnn, ahhg, ¡aghh! ¡no, NO! ¡NADIE!!
La esposa de OSCAR se asoma a la cocina.
ESPOSA (tímida):
Mi amor, ¿estás bien? ¿pasa algo?
OSCAR (pone el cuchillo en el cuello de MARIO y mira a su esposa):
¡Vuelve al dormitorio!
ESPOSA:
Pero, es que escuché un disparo, Oscar, ¿estas bien?
OSCAR:
¡VUELVE AL DORMITORIO TE DICEN!! ¡OBEDECE MIERDA!!!
ESPOSA (con un hilo de voz):
Sí, mi amor.
La esposa se va de la cocina y OSCAR vuelve a mirar a MARIO.
OSCAR:
No te creo, ¿me escuchai, roto de mierda?, y más te vale convencerme.
MARIO:
Violaste a 18 mujeres, entre ellas a mi vieja, y mataste a 42 personas, entre ellos a mi viejo; y yo vine a matarte.
OSCAR (mirándolo con atención):
A los últimos ocho los rematé con esta pistola. Pero eso es poco pa lo que se merece un comunista. Ya vas a ver.
OSCAR se para y, sin quitarle la vista de encima, toma el teléfono ubicado en la pared, junto al refrigerador, y llama.
OSCAR:
Pablo, habla Oscar… si, soldado, buenas noches… necesito que vengas para acá, trae dos pelaos más y un vehículo… ¡Qué me importa lo que hayan estado haciendo, vengan para acá inmediatamente!… Escucha: gente de confianza, nada más, no rotos-delincuentes de esos que viven por allá… Sí, cinco minutos, no hay más tiempo, proceda.
OSCAR cuelga y mira sonriente a MARIO, quien jadea sonoramente, como asmático.
OSCAR
Ahora te van a sacar el comunismo a golpes, hijo de puta.
ESCENA (CONTINUACIÓN DE ANTERIOR)
MARIO sigue tirado en la misma posición que en la escena anterior, respirando con dificultad, sólo que ahora se ve más pálido y bajo él hay una gran mancha roja. OSCAR sigue frente a MARIO, encañonándolo, pero ahora tiene en su mano izquierda un vaso de whisky.
Se abre la puerta y entran PAULOCO y PIRAÑA, este último sostiene una gran bolsa negra, como las que se usan para la basura, y un rollo de cinta adhesiva.
PAULOCO (en tono profesional):
Listo, mi Coronel, la Tía está durmiendo y la camioneta en la puerta.
PIRAÑA (parece borracho):
Y yo traje el envase, Don Oscar, Señor, Mi Coronel.
OSCAR:
Bien, soldados, procedan.
PAULOCO se agacha y sostiene a MARIO, mientras PIRAÑA le pone la bolsa negra sobre la cabeza, cubriéndole hasta el tórax, y lo envuelve con cinta adhesiva. Entonces PIRAÑA carga a MARIO sobre su hombro y lo saca de la cocina, seguido por PAULOCO, pero éste vuelve y se acerca al Coronel.
PAULOCO:
Mi Coronel, ¿sabe?, yo conozco a la rata…
OSCAR:
Habla claro, ¿qué me quieres decir?
PAULOCO:
Es del grupo de amigos de su hijo, ¿sabe?
OSCAR se queda pensativo un momento.
OSCAR:
Entonces voy con ustedes, voy a supervisar la operación.
PAULOCO y OSCAR salen de la cocina.
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